La Cultura y el desarrollo territorial

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Un mundo rico en preguntas es también un mundo rico en respuestas, y en los tiempos que corren, resulta más importante preguntarnos qué tipo de Cultura hacemos, antes que entrar en la batalla ideológica –y claramente perdida- de definir qué es y qué no es Cultura en las sociedades actuales.

En este sentido, el marco de referencia para la Cultura ha evolucionado en los últimos años de manera sustancial, aunque no ha sido hasta este largo momento de incertidumbre cuando la Industria de base Cultural y Creativa ha sido consciente de ello. Por una parte, nos enfrentamos a la expansión total de la experiencia cultural: audiencias, públicos y usuarios consumen antes, mientras y después, y ello conlleva nuevos modelos de producción. Por otra, la relación que se establece entre Cultura, Economía y Territorio se ha estrechado tanto que se puede considerar como un verdadero motor de desarrollo para las sociedades, circunstancia que nos lleva a plantear la Cultura desde una perspectiva estratégica y transversal.

Éstas deben ser las premisas fundamentales de trabajo para el sector: visión integral de la experiencia cultural y pensamiento estratégico en el territorio. Con ellas, además, cumplimos con nuestra responsabilidad desde las administraciones públicas, las organizaciones empresariales y el tercer sector, transfiriendo valores como la cohesión, la participación o la cooperación dentro de un ecosistema; y construyendo productos y servicios culturales más equilibrados y sostenibles al servicio de la comunidad y su desarrollo.

Al mismo tiempo, debemos ser conscientes que la sostenibilidad de nuestras organizaciones debe pasar un ineludible cambio de posicionamiento en cuanto a público, modelo económico y modelo de acción cultural, e incluso a un lógico replanteamiento de conceptos como las múltiples formas de rentabilidad del producto o servicio que realizamos.

 

Factores del cambio

Hacer Cultura es estructuralmente dialogar. Dependiendo del alcance del diálogo intervendremos más o menos en el desarrollo de un territorio. Se dialoga haciendo un museo, organizando un concierto o una lectura, diseñando un cartel, un catálogo o una web, gestionando un centro cultural, etc. Y es necesario, ante el momento que vivimos, conectar cada vez más lo que el territorio pide y lo que nosotros podemos ofrecer, los temas de los que el territorio quiere hablar y lo que nosotros estamos diciendo.

Debemos entender -en definitiva- que a pesar de la adversidad en la que estamos inmersos, la Cultura es el plano donde podemos convivir en paz, es un salvavidas que aporta valores sociales y modelos de convivencia mejores. Y ello está íntimamente relacionado con la Identidad cultural de los territorios y cómo activarla.

Pero por encima de todo, en nuestro sector (y en eso que hemos venido en llamar industria cultural o empresas de base cultural y creativa), debemos reinterpretar las relaciones que establecemos con el público y con el mercado.

En este contexto, tenemos varios escenarios de actuación en donde las organizaciones empresariales buscan la manera de sobrevivir y de crecer. Es necesario que preexista un ecosistema adecuado o bien que debamos crearlo. Esto es, entender que somos dependientes, que vivimos en una sociedad de solidaridad orgánica, en la medida en que los individuos especializan sus funciones y requieren de otros individuos para sobrevivir.

Este ecosistema debe estar compuesto de una serie de actitudes y hábitos que facilitan los procesos cooperativos. Es necesario replantearnos nuestros propios paradigmas de forma constante, dudar, preguntar por qué algo es como es y porqué no puede ser de otra forma. Esta revisión permanente es un buen método para plantear estrategias competitivas.

Uno de esos escenarios se ha convertido en una especie de término mágico de propiedades y resultados aparentemente casi milagrosos: la cooperación. La definición de cooperación es simple para la R.A.E.: obrar juntamente con otro u otros para un mismo fin. Si consideramos todos estos factores previos, podemos armar una fórmula que ofrece un punto de partida sobre el que generar proyectos de desarrollo cultural y que entiendo están estrechamente relacionados con el concepto de Cooperación.

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Un Ecosistema (integrado por actitudes y hábitos correctos), sumado a planteamientos Innovadores (compuestos por procesos creativos añadidos a una serie de necesidades) da como resultado la existencia de sistemas de Cooperación.

Es resumen, tenemos que adoptar una actitud flexible, pero al mismo tiempo despierta y activa frente a los cambios en los que estamos inmersos. Estar abiertos a nuevos modelos, nuevas formas, sobre todo, a trabajar por ser más competitivos en nuestro entorno.

Pero no es sólo necesaria una actitud y unos hábitos adecuados, también debemos aprender a ser creativos y sobre todo a generar un pensamiento innovador. La creatividad tiene que ver con la capacidad de producir respuestas originales a un determinado problema, con cambiar, romper o jugar con los paradigmas. Los procesos creativos son en realidad un juego libre de ideas que nos conduce a la innovación desde el más amplio sentido de la palabra.

La forma en la que activamos todos estos factores para hacer Cultura es el diálogo a través de la emoción; un diálogo extendido en un territorio a veces desdibujado, con el que debemos establecer una imprescindible alianza tácita basada en el desarrollo de todos sus agentes. No se trata sólo de pensar en el territorio como el cliente de nuestra actividad, sino de tener una visión más compleja y comprometida del alcance de nuestro trabajo dentro de un ecosistema, de un mapa de relaciones. Debemos tener un compromiso en el desarrollo del territorio.

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